En el argot religioso se conoce como puritano a un extremista, principalmente cristiano que destaca por su apego irrestricto a ciertos lineamientos morales que su fe le suministra.

La contracorriente de los puriteens y su cruzada contra pornografía, alcohol y drogas

A muchos jóvenes les avergüenza no haber tenido intimidad carnal, pues no tenerla es una señal de inmadurez o de rezago emocional o incluso social.

Por Fabian Acosta Rico / Universidad del Valle de Atemajac campus Guadalajara / México

(Esta editorial lo muestra, pero no está de acuerdo con varios argumentos. Se reproduce como un tema de tendencia y conocimiento y como apertura al diálogo).

Además de tomarse en cuenta como una decisión sustentada en ciertos principios morales, religiosos o en una filosofía de vida simplemente.

Pero de que existen personas que le han perdido interés al sexo es un hecho y también luchan en el juego de las representaciones socioculturales por ser reconocidos y respetados, juntos con las demás tribus o grupos habitantes de la aldea global

Celibatos involuntarios

Además de los asexuales están aquellos que sobrellevan el peso de una insufrible virginidad, involuntaria y resentida, bautizados como los célibes involuntarios o también etiquetados, por su acrónimo en inglés, como incel.

Esta subcultura de Internet la integran hombres de todas las edades que se afirman incapaces de mantener una relación afectiva y menos sexual con las mujeres; producto de esta frustración se vuelven contra ellas en las redes sociales con ofensas y comentarios despectivos; siendo el principal objeto de su odio las más atractivas e inalcanzables. 

Hay un nuevo grupo que no es precisamente apático al sexo ni odia lo que tanto desea poseer (el cuerpo femenino); integrado principal por adolecentes de la generación alfa o jóvenes centennials este grupo postmoderno o tribu urbana, conocidos como los puriteens, también tiene un expediente abierto con el sexo, principalmente con la pornografía e igual la emprenden en contra del alcohol y las drogas. 

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La revista RollingStone retomó el tema hace dos años.

Lineamientos morales

En el argot religioso se conoce como puritano a un extremista, principalmente cristiano que destaca por su apego irrestricto a ciertos lineamientos morales que su fe le suministra y con los cuales no está dispuesto a transigir en lo más mínimo.

Cualquiera pensaría que los puritanismos son cosa del pasado o de culturas orientales a las que mal calificamos de exotistas como la musulmana; pero no, nuestros puriteens conforman  todo un movimiento que se ha hecho notar en Twitter y TikTok y cuya identidad y posicionamiento cultural es complemente contestatario con los cánones e idearios de una postmodernidad contraria a todo moralismo, represión de los instintos básicos y observancia estricta y dogmática a los dictados de alguna religión o confesión.

Desde su cultura cristiana, dígase protestante, evangélica, pentecostal o católica estos jóvenes resultan un tanto atípicos si los contrastamos cultural y moralmente con sus compañeros generacionales. 

Los puriteens no sólo rechazan la pornografía, el alcohol y las drogas, también manifiestan su extremismo con un repudio a las parejas de edades distintas, es decir, encuentran criticable que un hombre mayor (un sugar daddy) mantenga un relación sentimental y carnal con una menor o lolita; para nuestros puritanos adolescentes y jóvenes esto es pederastia; sí nada los exacerba más que la pederastia; de allí que no sería raro encontrarlos en las salas de cines eligiendo ver la película del mexicano Alejandro Monteverde, Sound of Freedom (Sonidos de libertad) en vez de Barbie o Misión Imposible pues está es más cercana a su causa e ideales al denunciar del tráfico sexual de menores

Panorama antropológico

En el panorama antropológico nuestro puriteen es el nuevo marginado; en efecto, el nerd ya dejó de ser el raro y el blanco de las burlas estudiantiles (que le dé las gracias al programas del The Big Bang Theory que dignificó a los genios universitarios) el chico gay tienen también su posicionamiento como figura del progresismo que va en contra de viejos estereotipos; hasta la niña con sobrepeso es defendida por un feminismo de moda que rescata su derecho a tener la figura que desee o que pueda mantener sin atribularse con dietas y ejercicios.

La voz disonante en este universo progresista, el que va contra corriente es precisamente el puriteen; pero, no se crea que es del todo ajeno a su realidad cultural; por el contrario está inscrito precisamente en esta cultura de la denuncia y del señalamiento,  sin obviamente, llegar a congeniar con la corriente woke; es más bien su antagonista. Para quien pensaba que el conservadurismo está condenado a la extinción generacional; tal parece que tiene futuro en estos puriteens.

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