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Bob Dylan y la canción que resistió la tormenta y el tiempo

Esta es la odisea de una de las canciones más grandes de todos los tiempos, tocada solo con guitarra y armónica; Robert Zimmerman tenía algo que decir.

Para David, con todo mi cariño.

Primer movimiento

Alguna vez soñé ser como Bob Dylan. Necesité ser como él. Fue a los 13 años, cuando entre un grupo de amigos de Santa Fe, nos aliamos en una manifestación contra de una directora de la secundaria, la cual abusaba de su autoridad contra unos chavitos de la que había sido mi escuela.

Recuerdo que El Epi —el mítico cuate de los 80— me pidió tocar una canción para arengar a los chavos de la escuela y echarles un rollo sobre el abuso de autoridad. Yo quería darles un mensaje también, pero no sabía que canciones tocar. A esa edad, me consideraba un fan irredento de Los Beatles y cantaba, junto con mi amigo Chon Lennon, algunas rolas; pero no eran para ese momento. Los Beatles no tenían discurso político ni social.

Pero Dylan sí. Y los Beatles admiraban a Dylan.

Tiempo antes fui a ver una película de Harrison sobre Bangladesh con la participación de un músico folk, para mí desconocido.

En la pantalla del Cine Pecime, allá por Coyoacán, se me atravesó un bólido; fue mi primer acercamiento a un trovador excelso que tardé años en asimilar. Me cautivó su potente y sencilla poesía con voz propia. Su voz no necesitó grandes rangos vocales, sino de una inteligencia lírica y de compromiso social y una guitarra de palo para cambiar la faz del concepto rock protesta a nivel mundial.

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Una de las canciones que venían en la película era precisamente esa. Tiempo después escuché la traducción en la Radio Éxitos de los 80, y quedé perplejo:

La gente se empieza a juntar por donde andas
Reconoces que el agua que te rodea ha aumentado
Y aceptas que pronto estarás mojado hasta los huesos
Si el tiempo para ti es un preciado salvador
Entonces mejor comienza nadando o te sumergirás como una piedra
Porque los tiempos están cambiando

Vengan escritores y críticos que profetizan con sus plumas
Y mantengan sus ojos abiertos, porque la oportunidad no vendrá de nuevo
Y no hablen tan pronto, porque la rueda aún está girando
Y no hay quien diga su nombre
Porque los perdedores de hoy serán los que ganen mañana
Porque los tiempos están cambiando

Vengan senadores, congresistas, por favor consideren esta llamada
No se queden en la entrada, no bloqueen el pasillo
Porque el que está herido será el que se llevará todo
Hay una batalla afuera que estará clamando
Pronto resonará por sus ventanas y sacudirán tus paredes
Porque los tiempos están cambiando

Madres y padres del mundo:

No critiquen lo que no pueden entender

Su viejo camino envejece rápidamente

Por favor, sálganse del nuevo

Porque los tiempos están cambiando.

 La línea ha sido marcada

 El hechizo ha sido lanzado

 El que ahora es lento posteriormente se volverá el más rápido

 Pues el presente de hoy luego será pasado

 El orden se está rápidamente desvaneciendo

 Y el que es primero ahora

 Después será el último

 Ya que los tiempos están cambiando. 

 Escucha la canción de Dylan AQUI

bob dylan 1989
Dylan. El poder de un mensaje.

Segundo movimiento / La división del tiempo

Las canciones excepcionales captan el latir del mundo, la sociedad y el tiempo. No hay muchos artistas que hayan conseguido armar obras de este calado. Los que lo han logrado, han trascendido el tiempo, otorgando un sello de eternidad a su obra.

Pocas canciones tienen ese poder. Muchas son evocadoras o están asociadas a recuerdos personales, pero no hay muchas que contengan esos elementos que hacen que unas notas musicales reflejen el sentir de una generación o un pueblo. Una de esas canciones es ‘The times they are a-changin’, tema título del tercer álbum de estudio de Dylan.

La canción fue un tema sencillo en el estilo de las canciones protesta de la época con guitarra, ritmo pegadizo y letras largas y cargadas de cuestionamientos, que hablan con vehemencia a una generación de jóvenes que querían cambiar el mundo, las reglas y derribar las barreras que los mayores habían puesto en el camino.

La canción, por sí sola, podría ser la banda sonora de los años sesenta. Algunos la interpretan como el camino a la igualdad racial y el largo sendero de las lamentaciones contra la guerra de Vietnam. Las palabras del aquel joven músico, que tenía tan solo 22 años, reflejaban el estado de ánimo de su generación. El poeta tenía palabras sabias para los adultos y para gobiernos.

Aquellos versos, publicados hace más de 50 años, siguen teniendo el mismo efecto, porque la demanda de cambio es intrínseca a la evolución de la sociedad.

La canción sigue vibrando con fuerza porque el compositor consiguió trascender el tiempo con un mensaje evocador, positivo y combativo. Un mensaje de ilusión que no caduca, que se fortalece y que, como el vino, envejece con elegancia.

Volver a escuchar ‘The times they are a-changin’ revitaliza energías. Aquel chico adolescente comprimió en una canción un grito existencial que todavía no termina.

bob dylan

Tercer movimiento / Génesis para una melodía

La historia sobre cómo se hizo esta canción, ocurrió cuando Tony Glover, amigo de Dylan, visitó su apartamento en septiembre de 1963 y vio una serie de canciones y poemas sobre una mesa. The Times They are a-Changin todavía no se había grabado, pero Glover vio el texto. Después de leer las palabras “vengan senadores, congresistas, por favor hagan caso a la llamada”, Glover preguntó a Dylan: “¿Qué es esta mierda?”, A lo que Dylan respondió: “Bueno, es lo que a la gente le gusta escuchar”.

Dylan también diría sobre ella: “No puedo decir que los adultos no entienden a los jóvenes como se puede decir que los peces grandes no entienden a los peces pequeños. The Times They are a-Changin’ no es una declaración. Es un sentimiento”.

La canción fue citada por Steve Jobs cuando presentó la Apple Computer, el primer ordenador Macintosh en 1984. La rola ha sido interpretada por muchos otros artistas, sobre todo por Joan Baez, The Seekers, Phil Collins, Simon and Garfunkel, y Nina Simone. En 2004, esta canción ocupó el puesto 59 en la lista de Rolling Stone de las 500 mejores canciones de todos los tiempos.

Cuarto movimiento / de lo social y artístico

“Si nunca es nueva y nunca envejece, es una canción folk”. Un rostro en la penumbra, un cigarro colgado de la boca, un mueble para apoyar el pie, una guitarra y veinte personas sentadas  frente al escenario en un club cualquiera de Greenwich Village.

Hasta ahí llegó un joven bajito, delgado y con la boca enganchada a una armónica. Y comenzó a tocar la definición total del folk como nunca antes. El género nunca volvería a ser el mismo.

Cuando los músicos folk vagaban por esa cara oeste de Manhattan en busca de un lugar para tocar, un sofá para dormir y un público que empezara a amar por fin el folk, ese joven, Robert Zimmerman, todavía era una tímida parte del rompecabezas. A Finales de los años 50, nadie sabía que pocos años después comenzaría la era del poeta más grande que ha dado el folk norteamericano.

El 13 de enero de 1964, el joven lanzó el primer álbum compuesto exclusivamente de canciones propias. La pobreza, el cambio generacional que iba a sacudir un país embelesado en sí mismo o el racismo fueron los pilares que sostienen la poesía de este genio en este trabajo titulado, precisamente, ‘The Times They Are a-Changin’ (Columbia, 1964).

El álbum está lleno de versos cortos y directos y una melodía influida por baladas irlandesas y escocesas. También era un disco que hablaba de la necesidad de acabar con los ídolos, y sin embargo, Dylan cayó en la contradicción de incluir en el vinilo un poema donde aparecían todos esos personajes que idolatraba, como Johnny Cash, Edith Piaf, William Blake o Miles Davis. La contradicción siempre ha formado parte de la personalidad de este inclasificable animal artístico.

‘The Times They are a-Chaning’ se grabó en el verano del 63’, en el máximo apogeo del movimiento pacifista con el que simpatizaba Dylan. De ahí la crudeza de los temas y la temática reivindicativa que lo convertiría en una obra única dentro de la protesta social.

10 canciones. Seis de ellas son protestas contra el orden establecido. ‘Ballad of Hollis Brown’ es sin duda la más dura de todas. La historia de una sombría granja de Dakota del Sur en la que un agricultor, su esposa y sus cinco hijos intentan sobrevivir en una situación de extrema pobreza. La épica de su sonido tiene mucho que ver con las melodías que nacieron en los montes Apalaches, desde Alabama hasta Canadá.

También está ahí la historia del asesinato de Medgar Evers, un activista por los derechos civiles, que estaba retratada por la voz de Dylan en esa fea historia de racistas e injusticias que nacían en el Mississippi y que se titula ‘Only a Pawn in Their Game’. En la misma línea sigue ‘The Lonesome Death of Hattie Carroll’, una maravillosa canción sobre el asesinato de una criada afroamericana llamada Hattie Carroll, madre de 11 hijos y presidenta de una asociación afroamericana.

Dylan escupió las injusticias de un país a la deriva que todavía no conseguía despegarse de la muerte de John F. Kennedy. Pero fue el último grito social para Dylan. En este disco murió la canción protesta para el músico de Minnesota. La influencia estética fue bestial, la moral de las personas cambió, y fueron golpeados por su voz. El folk mutó y su significado creció. Pero él se dio la espalda a sí mismo para seguir creciendo y adentrarse en otros terrenos musicales.

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Premio Nobel de Literatura.

Quinto movimiento / Del vacío hacia Dios

Posterior a todo ello, en 1978, Dylan entró en una crisis existencial.

De ser el gran artista admirado, pasó a ser un paria sin sentido y con la mente volada. Tras caer en una grave crisis se convirtió al cristianismo, de la mano del movimiento de la Comunidad de la Viña, donde fue bautizado y estudió en una escuela bíblica.

Son varias las crónicas en donde el folk singer cantó a Dios a través de grandes y poderosos cantos de alabanza en clave de rock clásico que le dieron sentido a su vida, y que se siguen escuchando en miles de iglesias alrededor del mundo, como su clásica Saved (1980).

Escucha SAVED Aquí

Aunque posteriormente no siguió con esa línea espiritual en sus conciertos en 1984, quedaron para la posteridad esos grandes discos que aún suenan alrededor del mundo.

En su momento, Zimmerman fue testigo de esas poderosas palabras en 2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas”.

Dylan dejó ese camino. Pero todavía, en su última gira, siguen sonando los acordes influenciados por la Biblia. Sabe que no todo es eterno.

Con información de cadenaser, detrásdelacanción.com, lajauladelzenzontle, y hablatumúsica.com

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