A Juan Rulfo repateaba la literatura de la onda, y Gustavo, José Agustín y Parménides García Saldaña.

Parménides García Saldaña: El outsider de la literatura juvenil en México

El escritor Parménides García Saldaña fue el primer crítico literario que vio la americanización de la cultura mexicana desde 1972.

El pasado 9 de febrero se cumplieron 80 años del natalicio del verdadero disruptor de la literatura juvenil llamada “literatura de la onda”: Parménides García Saldaña, aunque por fama, se le ha dado este sitio al escritor José Agustín.

Con solo una ligera lectura a sus pocos libros, se destaca que uno de los precursores de varios temas de la agenda rock, ya habían sido una constante en este prolífico escritor que padeció, al igual que Syd Barret, los efectos de la esquizofrenia

La escritora Elena Poniatowska, escribió sobre García Saldaña apenas en enero pasado un bello texto para La Jornada. “Quise a José Agustín desde antes de que se hiciera famoso con su primera novela, “La tumba” (…) José Agustín se reía siempre” y ella, sabedora de la trascendencia de este movimiento, también mencionaba a Parménides.

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Elena, Gustavo Sáinz y Agustín.

García Saldaña, caso único

García Saldaña, fue uno de los pilares indiscutibles del movimiento “Literatura de la onda”; creó una radiografía feroz de la clase media de los años sesenta y setenta del siglo XX. Al cumplirse, este 19 de septiembre, 40 años de su fallecimiento, se recuerda al escritor que abrió “otros caminos” a las letras en nuestro país.

Para José Agustín, Pasto verde es un caso único en la literatura mexicana por lo catártico y libre; fue la obra más radical de ese grupo que presentaba una historia de corte biográfico, completamente fragmentaria, que trasgredía todo orden gramatical u ortográfico y agregaba por primera vez el inglés como parte medular de una narración.

Diana Costales, autora de la tesis de maestría Entre la tradición y la onda: un estudio desde la palabra en “Pasto verde” de Parménides García Saldaña, afirma que esta obra “innovó en la literatura con la fuerza de un grito de revolución”.

Juan Rulfo no los quería

Juan Rulfo odió (a los protagonistas de la Literatura de la onda) “Hasta que dejen de pasar los búfalos voy a volver a escribir, declaró en el Centro Mexicano de Escritores. Le repateaba la literatura de la onda, y Gustavo, José Agustín y Parménides García Saldaña lo irritaban. ¡Juan, esos muchachos son muy buena onda! –alegaba yo. ¡Qué buena onda ni qué nada! –apretaba Rulfo los labios sobre su cigarro. Cuando elogié en el periódico Se está haciendo tarde (final en laguna), José Agustín me dijo: No sé qué libro leíste, porque no recuerdo nada de lo que ensalzas. Para Rulfo, la literatura de la onda en los años 60 era una cabalgata. A Carlos Monsiváis tampoco la emocionó: ¡Ay, Carlos, esos chavos son a todo dar! –protesté”, escribió Poniatowska.

“Ninguno fue inculto o burdo o facilón, ni Sainz, ni Parménides, quien además se formó en Nueva Orleans” (…) José Agustín, Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña introdujeron la antisolemnidad en la literatura mexicana. Inventaron el reventón que a su vez los reventó a ellos. Reían a plenos dientes, pero también se les cayeron los dientes, porque, nadie más maltratado que Parménides. El rock estallaba en su bocina mientras Parménides daba noticias de los Teen Tops. Vivía cerca de mí y venía a pie a la casa. Una madrugada, mi hijo Mane le dio un aventón a su casa en la bici mientras Parménides le presumía que había tirado a su mamá por la ventana”.

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Primer analista de la transculturalización

García Saldaña desplegó con acertado ritmo crítico, tan tolo en “La ruta de la onda”, el efecto sociológico y político social que representaba (o representa) el pachuco Tin Tan:

“¡Señoras y señores, el presidente de México, don Miguel Alemán Valdés! No creo que sea gratuito que el cómico de esa época, Tin-Tan, se apellidara también Valdés. No es gratis porque en esos tiempos en que la inversión de capital extranjero es enorme en nuestro país, también se invierte too much de la idiosincrasia of our blondie cousin you know, entra la rola, carnal, de los gabachos, El cómico es ese pachuquito que ya se liga a las güeritas, ‘cause we’re like latin lovers, you know. Sigo mi patín. El ídolo que destrozaba los corazones de las señoritas de esos tiempos ya no era Emilio Tuero, Jorge Negrete, Pedro Infante, sino un italiano de América: Frank Sinatra”.

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“Agringándose, la middle class ocultaba su lado terrible, el lado oscuro; con su agringamiento (el carnal Tin-Tan era muy fufurufo y muy pachuquito, vestido como Cool Cat de los Gringo Balls, partner) la clase media maquillaba de blanco su rostro para de una vez por todas no terminar entre los vencidos. El folk-amor a lo indio (lo mero mexicano, manito, ¡viva México, hijos de la chingada!) era el chiste, el albur, el bajón (the put down) que la clase media disparaba en público para aclarar que su oscuridad (The Brown Power) ya no era parte de su nefastísimo complejo escondido detrás de su fascinante sentido negro del humor”.

“Tin-Tan (el mexicano de la frontera que se viste como gringo y que habla mitad en inglés y mitad en español) tal vez nos represente con fidelidad en esos tiempos (¿sólo en ésos?), en que el mexicano creía ejercer una atracción irresistible sobre la gringa, la princesa que peinaba sus cabellos dorados. ¿Por qué desde entonces el mexicano se cree un chingón para seducir a las güeras? ¿Por qué intentó desde entonces conquistar a la mujer del güero? Tal vez porque es horrible pertenecer a un color de piel que nos identifica con los jodidos, los golpeados, las olvidados, los hijos de la chingada de siempre, Y tal vez con nuestra obsesión por la conquista de la güera gabacha —al lado de otras zonas no blancas— hayamos contribuido a la soberbia del barbado hombre blanco”.

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De los primeros críticos del blues y el jazz

¿Quién fue el primer escritor que tradujo y transcribió párrafos y letras de varias bandas de rock americano y las plasmó y las acercó a los lectores mexicanos? Fue Parménides. Además, fue de los primeros escritores que pusieron en perspectiva la importancia del jazz y el blues en la cultura contemporánea, como lo demuestra “En la ruta de la onda”:

“Antes de que los Beatles, los Stones et al fueran fascinados por el rock {música de procedencia negra en un 80%}, el jazz (música ciento por ciento negra), el jazz había hipnotizado a Jack & Friends. La música negra (de los partneritas) era la única que sacaba a los «white men» del aburrimiento de la clase ociosa, era la única que los despertaba del sueño americano o la única que los libraba de la pesadilla entre el
sueño americano.

“El jazz (que enloqueció a Kerouac & Amigos) era hijo del blues (blues, esta palabra que esconde los secretos del alma negra, las ambigüedades de su feeling). Blues, música que resume la historia del negro en los Estados Unidos de América.

“Esa historia en los campos —de caña y algodón— del sur, en las ciudades del norte. El blues refleja esas sucias calles de los barrios bajos —sólo para negros— de Chicago, New York, Frisco, Los Ángeles. En el blues está el why de la autodestrucción y la fascinación por exceso de los negros norteamericanos. En el
blues está la historia de cuatrocientos años de esclavitud de todos los negros del mundo que descienden de aquellos que fueron vendidos a los blancos por los reyes tribales de las costas de África. En el blues está la vida entre la pobreza y los vicios de una raza vencida”.

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