Desde la “acera de enfrente”, las iglesias evangélicas no acostumbran elaborar programas institucionales a largo plazo y tienen estrategias referidas a cuestiones inmediatas y operativas.

Las preocupaciones de las iglesias

Las iglesias se preocupan por ciertas cuestiones que definen elementos que las caracterizan y que son socialmente aceptados como factores que las diferencian frente a otras organizaciones.

Elio Masferrer Kan ENAH / INAH – México
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Simultáneamente, las iglesias más poderosas acostumbran definir planes de trabajo, haciendo énfasis en la construcción y el desarrollo de una cultura organizacional que les permita orientar sus esfuerzos en forma constructiva y eficaz, a la vez que en el proceso puedan identificar problemas, obstáculos y nuevas prioridades que permitan reorientar el trabajo de sacerdotes, pastores, religiosas y laicos interesados en el desarrollo de su iglesia.

Existen iglesias que no definen sus prioridades organizacionales y confían en la inspiración del Espíritu Santo que les oriente en la construcción de su proyecto institucional.

5 prioridades para los católicos

Recientemente, la Iglesia Católica de México publicó su plan anual de trabajo con cinco prioridades: “la construcción de una cultura de la paz, fortalecer el camino sinodal y cultivar la cultura vocacional y ministerial, acompañar a las familias y a la vida por nacer, brindar la asistencia necesaria a los migrantes y el desarrollar el discipulado por parte de los adolescentes y jóvenes.”

La cultura de paz está referida a la violencia existente en la sociedad mexicana y alude a las críticas que hizo la Iglesia a la política de seguridad pública del Gobierno.

El camino sinodal y vocacional a la crisis institucional, el acompañamiento a las familias y la vida por nacer se refiere al rechazo al aborto que recientemente fue despenalizado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), al igual que el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El trabajo entre jóvenes y adolescentes muestra la preocupación por la crisis de vocaciones sacerdotales. No hablan de la Tercera Edad y a los jóvenes sólo los ven como futuros discípulos.

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Crisis institucional

Estos objetivos ponen de relieve la crisis institucional y las dificultades que tiene la Iglesia mexicana para incidir en la vida pública. Difiere notablemente de las estrategias institucionales planteadas por Francisco, quien ha planteado fuertes críticas al sistema neoliberal en la Encíclica Fratelli Tutti, hizo fuertes críticas al clericalismo y la cultura del “descarte” a personas de la Tercera Edad y los jóvenes. 

Desde la “acera de enfrente”, las iglesias evangélicas no acostumbran elaborar programas institucionales a largo plazo y tienen estrategias referidas a cuestiones inmediatas y operativas, confían más en la orientación del Espíritu Santo.

Nuevos desafíos institucionales

Aunque la pandemia obligó a las iglesias a responder a nuevos desafíos organizacionales. Las dificultades para reunirse físicamente obligó a la búsqueda de respuestas, donde en muchos casos los líderes institucionales no encontraron, no pudieron o no quisieron aplicarlas.

Los servicios religiosos virtuales implicaron nuevas formas de interactuar entre líderes religiosos y feligreses y surgieron nuevas formas de aplicación y desarrollo de los carismas de pastores y sacerdotes, a la vez que implicó nuevas formas de relación con los creyentes y/o practicantes que revolucionaron a las instituciones religiosas. Lo más notable fue que las relaciones “cara a cara” se mantuvieron, pero mediadas por la pantalla de los medios digitales, tabletas, celulares o computadoras.

El pago de los diezmos pasó a transferencias electrónicas y las iglesias perdieron la noción parroquial y congregacional, localizada o cercana a la vivienda del feligrés para definirse como “no localizada” e inserta en el “espacio virtual”.

Lealtades denominacionales, rebasadas

Otra cuestión fue que las lealtades denominacionales se vieron rebasadas por la posibilidad de transferir carismas por medios digitales, a la vez que cambiaba el carácter de asamblea, donde se dan las interacciones informales entre los asistentes para redimensionarse a reuniones virtuales. Otra dimensión más compleja fue la posibilidad de acceder en tiempo diferido a los servicios religiosos y la posibilidad de repetir la visión y escucha del servicio religioso.

Estamos en la paradoja de que la asistencia a los templos ha disminuido después de la pandemia, a la vez que la “asistencia virtual” a los servicios se ha incrementado notablemente para alarma de los líderes religiosos tradicionales quienes en muchos casos no han tenido la virtud o la capacidad de “reformularse” en “estos tiempos”. Como decía el Maestro, es necesario “escrutar los signos de los tiempos” y una vez más es evidente que “muchos son los llamados, y pocos los escogidos”.

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