El 9 de abril de 1945, el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer fue asesinado en el campo de concentración de Flossenbürg. Desnudo, fue ahorcado, reanimado y vuelto a ahorcar.
“La teoría de la estupidez humana” no es un texto ofensivo, es una reflexión profunda que sería de mucha utilidad para los evangélicos en México.
En México, hay informadores evangélicos que dan por sentado que habrá un voto masivo (sin pensar, obviamente) para el partido guinda en las próximas elecciones.
En ese instante recordé una frase: “Ante la estupidez, se está desamparado”. Siempre pensé que era de Henry Miller, pero constaté agradecido que es de un pastor cristiano que murió bajo un gobierno nacional-socialista.
El 9 de abril de 1945, el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer fue asesinado en el campo de concentración de Flossenbürg. Desnudo, fue ahorcado, reanimado y vuelto a ahorcar. Fue una muerte espantosa, cruel y sádica como solo los nazis podían serlo.

La inteligencia estorba a la barbarie
A Bonhoeffer no se le concedió un juicio, sino un veredicto sumario sin cargos, pruebas ni alegatos.
Durante décadas, el pastor fue una espina clavada para el régimen, y el Tercer Reich lo había convertido en el blanco perfecto para su venganza. Aceptó su destino con la dignidad que siempre lo caracterizó. Fue asesinado tres semanas antes de que el suicidio de Hitler pusiera fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa.
Bonhoeffer bien pudo mantener su residencia en Estados Unidos antes de volver a Alemania en 1940 y enfrentar a Hitler desde la prédica de ideas frente a la alienación generalizada que había observado en sus connacionales.
No comprendía que una nación culta, democrática y moderna como Alemania había comenzado a hundirse en las cloacas ideológicas de una mente desequilibrada que proponía un cambio político profundo para recuperar el esplendor germano perdido.
El teólogo, desde la cárcel, escribió su “Teoría de la Estupidez Humana”, que es un desarrollo filosófico que explica la conducta autodestructiva de una comunidad ante la propaganda gubernamental.

Poder a los ignorantes
La estupidez humana -entendida como necedad- no deriva de las causas justas o de figuras de pensamiento libre, sino de la ignorancia y la facilidad con que los ignorantes se autoconvencen de una falsa solvencia intelectual y la indetectabilidad de este proceso.
El peligro de la estupidez reside en que el estúpido (necio) no se percibe como tal, sino que siente una autosuficiencia intelectual que lo habilita a tomar posición con gestos de autenticidad y contrarios a lo que se venía manejando en un discurso político anterior.
“El peligro de estas personas es que sus opiniones son influenciables por los medios de comunicación (o del gobierno), que los convierten en multiplicadores de un mensaje funcional a los totalitarios”, advertía Bonhoeffer.
“Es más peligroso el estúpido, porque hace cosas en perjuicio propio que a la vez dañan a la sociedad que integra, pero las hace desde una actitud de bonhomía ingenua y con la capacidad de mutar hacia otras posiciones, con lo cual nadie espera de él una acción dañosa”.
Términos y análisis
Bonhoeffer, en resumen, advertía que era más importante temerle a los “estúpidos” que a los “malvados”.
Estúpido es término común que puede ser utilizado con el propósito de denigrar u ofender al opositor a una idea o situación.
Según la Enciclopedia Británica, una persona estúpida es aquella que carece de inteligencia, comprensión o sentido común, con una incapacidad para aprender o mostrar un buen juicio.
También se describe como la condición de actuar de manera necia o tonta. La palabra proviene del latín stupere, que significa quedarse pasmado o aturdido, y se distingue por su falta de inteligencia o no tener la capacidad de aprender o entender conceptos con facilidad.
También realiza acciones insensatas, como descalificar una idea, decisión o acción carente de lógica, y también se distinguen por tener un juicio pobre o que comete errores graves por no evaluar correctamente una situación.
De periodismo y estupidez
Un académico de Oxford y autor de “Mini Philosophy: A Small Book of Big Ideas (2021)”, Jhonny Thomson, analizó la “teoría de la estupidez” de Bonhoeffer .
Encontró dos motivos: porque somos más tolerantes o temerosos ante la estupidez (no la tomamos en serio o no queremos mundanalizamos como cristianos) y porque las personas “estúpidas” omiten argumentos desde un razonamiento lógico.
“Ni las protestas ni el uso de la fuerza consiguen nada (…) las razones caen en saco roto; los hechos que contradicen los prejuicios de uno simplemente no necesitan ser creídos —en esos momentos la persona estúpida incluso se vuelve crítica— y cuando los hechos son irrefutables, simplemente se dejan de lado como inconsecuentes, como incidentales. En todo esto, la persona estúpida, en contraste con la maliciosa, está completamente satisfecha de sí misma y, al irritarse fácilmente, se vuelve peligrosa al pasar al ataque”, argumentó Bonhoeffer.
“Tras una observación más atenta, se hace evidente que todo fuerte auge del poder en la esfera pública, ya sea de naturaleza política o religiosa, infecta de estupidez a una gran parte de la humanidad”, escribió el alemán.
México y el periodismo estúpido
Para él, esto ocurre porque la “estupidez” facilita a un cierto grupo acceder a cargos públicos porque, “la naturaleza del poder exige que las personas renuncien a ciertas facultades necesarias para el pensamiento inteligente”, tales como la reflexión, el pensamiento crítico y la independencia.
Esto lo podríamos explicar, por ejemplo, con periodistas que se volvieron siervos del espejismo de la 4T. Los periodistas Álvaro Delgado, Denise Maerker, Sabina Berman o Jairo Calixto Albarrán lo ejemplifican a la perfección. En su momento lo fueron Carlos Marín y Agustín Barrios Gómez, que se plegaron al PRI y al PAN, respectivamente, y que en su momento fue comunicadores independientes, cultos y destacados.

La idea central de Bonhoeffer es que “cuanto más se integra alguien en el establishment (léase Morenato), menos individuo se convierte”, y tiene menos control para operar bajo sus propios criterios, a pesar de que estos sean fundamentados.
“Es como si eslóganes, lemas y similares (“los jueces son del pueblo”, “el pueblo es bueno”, “el pueblo gobierna en México”, “el pueblo eligió”, “el pueblo es soberano”) se hubieran apoderado de ese ciudadano”.
Embrujado y maltratado… pero bien correspondido
Está hechizado, cegado, maltratado y abusado en su propio ser’”, citó el académico de Oxford, y agregó: “los pensadores inteligentes y críticos tienen ahora un guión que leer, en el que involucrarán sus sonrisas en lugar de sus cerebros”.
Dentro de la “teoría de la estupidez” de Bonhoeffer hay una clara tendencia, con un enorme potencial, para afectar a personas que formen parte de un país, y esto es un germen ideológico en dictaduras, gobiernos populistas, totalitarios y dentro de grupos que defienden ciegamente las violaciones a los derechos humanos de los delincuentes, por ejemplo.
Y sentencia Thomson: “La estupidez es mucho más difícil de eliminar (…) es un arma peligrosa. Como a los malvados les cuesta hacerse con el poder, necesitan que los estúpidos hagan su trabajo. Como ovejas en un campo, una persona estúpida puede ser guiada, dirigida y manipulada para hacer cualquier cosa. El mal es maestro de marionetas, y nada le gusta tanto como las marionetas descerebradas en los pasillos del poder”.
Con información de La Tercera (https://www.latercera.com/), la Enciclopedia Británica (https://www.britannica.com/dictionary/stupid), El Coahuilense y AlfredoVela.com.
