La angustia que afecta a casi todos los seres humanos es el temor a la muerte y a la extinción definitiva de la existencia.
Fabián Acosta Rico / Universidad de Guadalajara, México

¿Quién no ha tenido pensamientos escatológicos en algún momento de su vida? La religión ofrece consuelo y la ciencia, por su parte, busca apoyar las esperanzas de que poseemos un alma inmortal que regresa a su creador.
Se necesita valor para ser escéptico y desafiar nuestro instinto de supervivencia. El ser humano desea vivir, y si es posible, por siempre. Sueña con la eternidad, con seres inmortales, incluso malignos, como los vampiros.
Para aquellos que no encuentran consuelo en la fe religiosa, pero tampoco se entregan al fatalismo de la incredulidad, está el transhumanismo, que promete crear la fuente de la vida eterna, confiando en el avance de la ciencia. Tecnologías como la genética, la cibernética y otras, según los transhumanistas, nos curarán de la madre de todas las enfermedades: la muerte.
Afirmación difícil
Sin embargo, cuando contemplamos un cadáver y su lenta descomposición, es difícil afirmar que haya algo más allá; algo que sobreviva al corte del hilo de las Moiras. La tragedia de la muerte parece obvia: no queda nada de nosotros una vez que el sepulturero termina su faena.
Pero si creer en la vida después de la muerte es considerado ingenuo, cobarde o necio, ¿cómo se explica que el hombre más inteligente del mundo haya formulado una teoría sobre la inmortalidad de los seres humanos? Este hombre rompió el récord Guinness con un coeficiente intelectual superior al de Albert Einstein, entre 190 y 210. Su nombre es Chris Langan.
Langan, nacido en San Francisco, California, es un claro ejemplo de cómo ser extremadamente inteligente no garantiza el éxito. Esta parte de su vida fue documentada por el periodista Malcolm Gladwell en su libro. A pesar de ser autodidacta y no contar con el respaldo de ninguna institución educativa o gubernamental, Langan formuló una teoría que llamó Modelo Cognitivo-Teórico del Universo (CTMU), en la que explica la relación entre la mente y la realidad. En 2022, publicó un libro en el que aborda la pregunta: ¿Qué sucede después de la muerte?
Transición hacia otra forma
Las conclusiones de Langan son esperanzadoras para quienes no creen que la muerte sea el fin total de la existencia. Según su teoría, la muerte no es un término, sino una transición hacia otra forma de ser dentro de la estructura computacional de la realidad. En términos científicos, lo que llamamos conciencia, o alma, tras el fallecimiento, transita a otro plano de existencia que resulta inaccesible durante la vida.
En una entrevista en el podcast Theories of Everything with Curt Jaimungal, Langan dio más detalles sobre su teoría: “Cuando te alejas de esta realidad, regresas al origen de la realidad. Es posible que recibas una carrocería de reemplazo, otro tipo de carrocería terminal que te permitirá seguir existiendo”.
Según Langan, la muerte marca el fin de nuestra relación con el cuerpo físico. Su visión sobre el más allá va más allá de las ideas tradicionales de cielo e infierno, que considera simplistas. Para él, renacemos con un ser completamente nuevo. Aunque podríamos recuperar nuestros recuerdos, no hay razón para hacerlo. “Puede que tengas recuerdos, pero normalmente no hay motivo para aferrarse a ellos, ¿por qué aferrarse a los recuerdos de un mundo en el que ya no estás presente? Así que hay ciertos procesos automáticos que ocurren en el momento de la muerte”.
Existir de otra manera
El estado posterior a la muerte, según Langan, sería similar al de la meditación: “Ahora estás básicamente meditando, viendo cómo todo cambia. Sin embargo, existes de esta manera ahora”.
Langan, de una forma que podría recordar a las ideas de la reencarnación, sostiene que en todas nuestras vidas, si fuéramos a reencarnar una y otra vez, todas esas reencarnaciones serían metasimultáneas. En cierto sentido, todos esos momentos ocurrirían al mismo tiempo en un dominio no terminal.
De manera similar a Baruch Spinoza, Langan propone una visión panteísta, pero no desde la filosofía o la teología, sino desde una disciplina que une la matemática con la metafísica. Al demostrar, a través del CTMU, la existencia de Dios, Langan redefine a Dios no como una deidad descrita en los textos sagrados, sino como un ser intrínseco a las propiedades del universo. Según su modelo, la realidad es, en esencia, un lenguaje informativo, transtemporal y posee panconsciencia: una especie de logos o inteligencia que emerge del creador o simulador de esta realidad autosimulada.
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