Ese proyecto tomó forma institucional en Betar (Beitar Yosef Trumpeldor, “La casa/fortaleza de Yosef Trumpeldor”), movimiento juvenil fundado en 1923 en Riga (Letonia).
Joseph Trumpeldor (Piatigorsk, Cáucaso, 21 de noviembre de 1880 – Tel Hai, Alta Galilea, 1 de marzo de 1920), ocupa un lugar singular en la historia judía moderna.
Gabriel Bourdin / UNAM- México

Su trayectoria como oficial condecorado del ejército zarista durante la guerra ruso japonesa, héroe mutilado que regresó voluntariamente al frente pese a haber perdido un brazo, y finalmente muerto en Tel Hai, un pequeño asentamiento agrícola de la Alta Galilea, fue convertida por el sionismo revisionista en un relato fundacional.
La frase atribuida en su agonía, tov lamut be’ad artzenu, es bueno morir por nuestra tierra, fue interpretada como la consagración de un nuevo tipo de santidad: la santidad laica del combatiente nacional dispuesto a entregar la vida por la soberanía judía.
Sobre esta figura, Vladimir (Ze’ev) Jabotinsky (Odesa, 18 de octubre de 1880 – Nueva York, 3 de agosto de 1940) elaboró una reinterpretación de la tradición judía que desplazaba el eje desde la observancia ritual hacia la continuidad histórica del pueblo como sujeto político.
La Biblia, archivo nacional
La Biblia se leía como archivo nacional, los profetas como voces de un destino colectivo y episodios como Masada o la rebelión de Bar Kojba como pedagogía del coraje. No se trataba de negar la religión, sino de reorientarla: de un sistema normativo a un repertorio épico capaz de movilizar a una juventud que debía transformarse en fuerza militar y política. Trumpeldor encarnaba ese tránsito del judío vulnerable al judío soberano.
Ese proyecto tomó forma institucional en Betar (Beitar Yosef Trumpeldor, “La casa/fortaleza de Yosef Trumpeldor”), movimiento juvenil fundado en 1923 en Riga (Letonia), donde la identidad judía se expresaba en la lengua hebrea, la disciplina, la historia antigua y el culto a los héroes nacionales más que en la práctica ritual.
Un Estado judío moderno
Betar buscaba formar un nuevo judío capaz de sostener un Estado moderno. En esa pedagogía, Trumpeldor funcionaba como modelo moral, cívico y militar.
La dimensión más inesperada de esta articulación entre judaísmo y nacionalismo se manifestó en la Escuela Naval de Civitavecchia, activa entre 1934 y 1938, establecida por Betar en la Italia fascista con el beneplácito del régimen de Mussolini.
Allí se formaron los primeros marinos judíos modernos en un ambiente de disciplina férrea y estética militar. Las fuentes coinciden en que no existía vida religiosa organizada: la identidad judía se expresaba en símbolos, lengua y memoria histórica, no en la halajá (“camino de formación moral”).
La colaboración terminó con las leyes raciales de 1938, un conjunto de normas antisemitas promulgadas por el régimen fascista de Benito Mussolini que establecieron una discriminación sistemática contra los judíos en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Pero dejó un testimonio claro de cómo el revisionismo concebía la tradición judía como un recurso político y nacional.
Antecedentes históricos de Netanyahu
La genealogía del revisionismo llega al siglo XXI a través de Benzion Netanyahu (Varsovia, 25 de marzo de 1910 – Jerusalén, 30 de abril de 2012), padre del actual primer ministro israelí. Historiador del judaísmo medieval y militante revisionista, fue secretario personal de Jabotinsky en Nueva York.
En la historiografía reciente, diversos autores analizan cómo ciertos sectores políticos israelíes han retomado elementos del revisionismo, como su énfasis en la soberanía, su lectura histórica del territorio y su uso de símbolos religiosos como marcadores identitarios.
Algunos estudiosos señalan que Jabotinsky imaginaba no solo un Estado judío, sino una entidad regional fuerte, a la manera de un imperio, a veces descrita por analistas contemporáneos como un Gran Israel, aunque esta expresión pertenece a debates actuales y no a formulaciones textuales del propio Jabotinsky.
La tensión entre religión, nación y poder que él reconfiguró en el siglo XX sigue siendo un eje central de discusión en la vida pública israelí y en la geopolítica de nuestros días.
