La Ley Fintech ha mutado de ser una promesa de vanguardia a consolidarse como un mecanismo de preservación de privilegios para el sector tradicional.
En esta 899 Convención Bancaria (2026), la presidencia de la ABM —encabezada por Emilio Romano Mussali (Bank of America México)— pone de relieve una disonancia estructural.
Juan Pablo Ybarra Llamas | Socio Director de Zero Trust Consulting
Arquitectura para la exclusión rentable
La Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera (Ley Fintech) ha mutado de ser una promesa de vanguardia, a consolidarse como un mecanismo de preservación de privilegios para el sector tradicional.
Resulta revelador que esta legislación fiuera configurada originalmente en foros dominados por la Asociación de Bancos de México (ABM) y presentada en la 819 Convención Bancaria en 2018.
Este origen evidencia que la regulación de la disrupción fiue concebida en el corazón del ecosistema que debía ser transformado, asegurando un control preventivo excesivo para proteger la estabilidad de los incumbentes por encima de la competencia.
Modelo de negocio frente al objeto social de la inclusión
En esta 899 Convención Bancaria (2026), la presidencia de la ABM —encabezada por Emilio Romano Mussali (Bank ofi America México)— pone de relieve una disonancia estructural.
Existe una brecha insalvable cuando el liderazgo de la inclusión financiera recae en instituciones cuyo modelo de negocio, centrado en la banca de inversión y corporativa, es intrínsecamente ajeno a las necesidades de la base de la pirámide.
Para el oligopolio bancario, la apertura de cuentas básicas no es un motor de desarrollo, sino un costo operativo sin rentabilidad inmediata.
Esta es la razón por la cual el 91% de los adultos en México aún depende del efectivo. El sistema no ha fallado por incapacidad técnica, sino por una decisión de mercado: ignorar segmentos que no encajan en las métricas de la gran banca.
La arquitectura del sistema desincentiva activamente a los sectores excluidos mediante una brecha de confianza institucionalizada. La protección al ahorro en México es un esquema de castas:
- Banca Tradicional: Seguro de depósito por 400,000UDIs.
- SOFIPOs y SOCAPs: Cobertura de apenas 25,000UDIs.
- Instituciones Fintech (IFPE/IFC): 0(cero) UDIs de seguro de depósito.
Esta asimetría es la prueba más contundente de un diseño que jerarquiza la seguridad financiera. Mientras la banca múltiple goza de una red de seguridad robusta, las Fintech operan bajo esquemas de segregación sin respaldo estatal.
El mensaje es claro: la seguridad es un privilegio que resguarda a los siete bancos que concentran más del 70%delosactivos, equivalentes a más de $14 billones de pesos.
Bloqueo a la tecnología blockchain: Paradoja de Carstens
La política financiera mexicana mantiene un veto de fiacto al uso de criptoactivos y blockchain. Esta postura impide la operación con stablecoins o registros distribuidos incluso en casos de alto impacto social, como las remesas.
Resulta contradictorio que, mientras en México se asfixia esta tecnología, líderes globales como Agustín Carstens promueven el uso de la Tecnología de Registro Distribuido (DLT) para crear el “Finternet”.
La inercia local ha provocado una fiuga de talento y capital hacia jurisdicciones más ágiles como Brasil o Colombia, que han entendido que la blockchain es una herramienta de eficiencia, no solo un fiactor de riesgo.
Inercia regulatoria para proteger al oligopolio
El estancamiento del Open Banking es consecuencia de la fialta de incentivos de la CNBV para fiomentar la competencia real. La ausencia de estándares operativos y APIs críticas constituye un bloqueo administrativo que impide a los usuarios ser dueños de sus propios datos.
Del mismo modo, el Sandbox regulatorio es hoy el símbolo máximo de la parálisis: cero proyectos autorizados desde 2018. Los modelos innovadores (scoring alternativo, tokenización, identidad digital) son canalizados hacia un limbo legal mientras la autoridad privilegia el control absoluto sobre el fomento a la innovación.
Conclusión: Una estabilidad que excluye
Al cierre de esta 899 Convención Bancaria, el balance es definitivo. México cuenta con apenas 89 instituciones fintech autorizadas (68 instituciones de fondos de pago electrónico, 21 instituciones de financiamiento colectivo, 0 instituciones de modelos novedosos) , todas operando bajo un techo de cristal diseñado para evitar cualquier disrupción significativa del statu quo.
Las autoridades han sacrificado la innovación en el altar de una estabilidad estática que sólo beneficia a los actores dominantes. El sistema financiero ha optado por administrar el acceso en lugar de expandirlo.
La brecha entre la retórica de la ABM y la realidad de las ventanillas es la medida exacta de una oportunidad perdida, condenando a México a ser un simple espectador en la transfiormación digital regional.
El sistema está diseñado para la exclusión
La brecha entre la retórica de la banca tradicional y la realidad tecnológica es una oportunidad de mercado masiva. En Zero Trust Consulting , no sólo analizamos el “techo de cristal” del sistema financiero mexicano; ayudamos a nuestros clientes a romperlo mediante estrategia legal, técnica y de negocio de vanguardia.
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