Decir “adiós al súper peso” no implica debilidad estructural, sino el reconocimiento de que los vientos que lo impulsaron están cambiando.
El “súper peso” ha sido uno de los fenómenos más llamativos de los mercados emergentes en los últimos años.
Yuri Domínguez / Inversiones inmobiliarias en Querétaro

Impulsado por tasas de interés elevadas, disciplina fiscal relativa y un fuerte flujo de remesas, el peso mexicano logró posicionarse como una de las monedas más apreciadas frente al dólar.
Sin embargo, como todo ciclo financiero, su fortaleza no es permanente.
Hoy, los signos de inflexión comienzan a aparecer y la pregunta ya no es si cambiará la tendencia, sino cuándo y con qué magnitud. Hoy opera alrededor de niveles de 18.05 pesos.
Diferencial México y Estados Unidos
El principal motor del súper peso ha sido el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos. Mientras Banco de México (Banxico) mantenía tasas restrictivas, el “carry trade” atrajo capitales globales en busca de rendimiento.
Pero este soporte comienza a erosionarse. Si la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) mantiene tasas altas por más tiempo o incluso retrasa recortes, el diferencial deja de ampliarse y el incentivo marginal para mantener posiciones en pesos disminuye.
A esto se suma un entorno global más volátil. El repunte en precios del petróleo, tensiones geopolíticas particularmente en Medio Oriente y la posibilidad de disrupciones en rutas clave como el estrecho de Hormuz introducen presiones inflacionarias globales.
Esto fortalece al dólar como activo refugio, generando salidas de capital de mercados emergentes, incluido México.
En el frente interno, aunque los fundamentales siguen siendo relativamente sólidos, hay factores que pueden generar ruido. La consolidación fiscal será más retadora en los próximos años, especialmente si el crecimiento económico no sorprende al alza. Además, la expectativa de menores tasas locales podría reducir el atractivo del peso frente a otras monedas.
Cambio de régimen
No se trata de un colapso inminente, sino de un cambio de régimen. El peso podría transitar de una etapa de apreciación sostenida a una de mayor volatilidad y depreciación gradual. Niveles como 18.50 o incluso 19.00 por dólar dejan de ser escenarios extremos y comienzan a incorporarse en los modelos base.
Decir “adiós al súper peso” no implica debilidad estructural, sino el reconocimiento de que los vientos que lo impulsaron están cambiando. En mercados, los excesos rara vez son permanentes. El reto para México será navegar esta transición sin perder la estabilidad que ha construido, entendiendo que la fortaleza cambiaria, más que un destino, fue siempre una etapa del ciclo.
Bajo estos escenarios es imperativo aumentar el crecimiento económico, consolidar el balance fiscal y asegurar la independencia del Banco de México, el gobierno lo tiene claro, pero tiene que impulsar aceleradamente el entorno correcto para que se materialice el plan México, máxime en este mundo tan convulso.
Veremos…
